El 28 de abril de 2025 a las 12:33 h, España vivió un cero eléctrico sin precedentes. En apenas cinco segundos, 15 GW desaparecieron de la red, representando alrededor del 60 % de la demanda peninsular. Más allá del impacto inmediato, el episodio abrió una pregunta que sigue vigente un año después:
¿estamos construyendo un sistema eléctrico más resiliente o simplemente reaccionando a la urgencia?
Esta fue la cuestión central de la jornada técnica organizada por AVAESEN, en la que participó Javier Martínez Sanz, CEO de Prosolia Energy, junto a representantes del sector energético, industrial e institucional.
El diagnóstico: un sistema renovable que necesita flexibilidad
En el momento del apagón, las renovables representaban cerca del 55 % del mix eléctrico, con una fuerte presencia de solar y eólica. A diferencia de las tecnologías convencionales basadas en máquinas síncronas, estas fuentes no aportan inercia rotacional natural, lo que modifica la respuesta del sistema ante oscilaciones de tensión.
Este hecho no cuestiona el papel de las renovables. Al contrario, define con claridad el reto de ingeniería al que se enfrenta el sistema eléctrico del siglo XXI: incorporar flexibilidad, control y capacidad de respuesta en un entorno cada vez más limpio.
Cambios regulatorios tras el cero eléctrico
Un año después, el marco regulatorio ha empezado a evolucionar para responder a esta realidad. Entre los principales avances se encuentran:
– La declaración de utilidad pública del almacenamiento energético, junto con la simplificación de los procesos de hibridación.
– El refuerzo de la supervisión del sistema eléctrico, con un papel más activo de la CNMC y la introducción de informes periódicos.
– La revisión de los procedimientos de operación, permitiendo que las renovables participen en el control dinámico de tensión.
Son pasos relevantes, pero que requieren continuidad, coherencia y, sobre todo, ejecución.
Industria, competitividad y resiliencia
Durante la jornada de AVAESEN, uno de los mensajes más reiterados fue la necesidad de incorporar la visión de la industria electrointensiva al diseño del sistema. Para estas empresas, la energía no es solo un input operativo, sino un factor determinante de competitividad.
Avanzar hacia una mayor autonomía energética exige soluciones que combinen generación renovable, almacenamiento, redes y regulación estable. Sin estas piezas, la transición corre el riesgo de generar incertidumbre en lugar de oportunidad.
Como se comentó durante el debate, un sistema eléctrico del siglo XXI no puede operarse con herramientas del siglo XX. La ventaja competitiva de España en energía limpia y asequible es real, pero protegerla implica invertir en redes, almacenamiento y digitalización.
Mirando hacia adelante
Un año después del apagón, el verdadero reto no es frenar la transición energética, sino dotarla de la flexibilidad y resiliencia que necesita. La regulación ha empezado a adaptarse, la tecnología está disponible y la industria reclama un marco claro para avanzar.
Espacios de diálogo como el impulsado por AVAESEN son clave para alinear visiones y aprender de lo ocurrido. Porque solo desde la colaboración entre administración, sector energético e industria será posible construir un sistema eléctrico robusto, competitivo y preparado para los desafíos futuros.