Imagina que gestionas la energía de una planta industrial y en un solo día el precio de la electricidad pasa de 1 €/MWh al mediodía a 170 €/MWh por la noche. No es un escenario de catástrofe. Es un lunes cualquiera en el mercado eléctrico español de 2025.
Esta realidad fue el punto de partida de la primera mesa del evento Almacenamiento y Energía para la Industria, moderada por Cristina Riestra (CEOE), con la participación de Gerardo Fernández (Baringa), Antonio Ramón Albert (Prosolia) y José Carlos Gil (Ingeniería Libergia).
¿Por qué se ha vuelto tan volátil el mercado?
La penetración masiva de renovables —especialmente solar fotovoltaica— ha transformado la estructura de precios del pool. Las horas centrales del día, con alta generación solar y baja demanda industrial, generan precios cercanos a cero o incluso negativos. Pero cuando el sol cae y la demanda vespertina se dispara, los precios se recuperan de forma abrupta. Este patrón, conocido como la “curva del pato”, no es una anomalía pasajera: es la nueva arquitectura del mercado, y todo apunta a que se acentuará conforme aumente la capacidad instalada renovable.
El error de mirar solo el pool
Uno de los mensajes más potentes de la mesa fue este: aunque el precio del mercado mayorista marque cero, la factura real nunca es cero. Los peajes de red, los servicios de ajuste del sistema y la fiscalidad asociada representan una parte muy significativa del coste final de la energía para la industria. Esto significa que optimizar solo la exposición al pool es una estrategia incompleta.
La lectura estratégica correcta pasa por entender la factura energética en su totalidad y actuar sobre todos sus componentes, no solo sobre el precio de la energía en el mercado.
De la exposición al control: el papel del almacenamiento y la generación propia
Cada vez más empresas industriales están dando un paso decisivo: dejar de depender completamente del mercado y construir su propia capacidad de gestión energética. Los modelos que combinan generación solar, cogeneración y sistemas de almacenamiento con baterías (BESS) permiten hacer algo que hasta hace poco era casi imposible en la industria: anticiparse a los precios y ganar previsibilidad de costes a largo plazo.
No se trata solo de ahorrar en la factura. Se trata de transformar la energía en una variable controlable dentro del modelo de negocio, con impacto directo en márgenes y competitividad.
El coste de no hacer nada
Quizás la reflexión más contundente de la sesión llegó de Antonio Ramón Albert, Country Manager de Prosolia:
“El mayor riesgo es no hacer nada. Quedarte parado ya es una decisión. Y tiene un coste.”
En un mercado que cambia a esta velocidad, la inacción no es una posición neutral. Cada mes que pasa sin una estrategia energética activa es un mes en el que los competidores que sí han actuado amplían su ventaja en costes.
Las compañías que comiencen a actuar ahora podrán anticiparse a los ciclos de precio, estabilizar sus costes operativos y convertir la gestión energética en una palanca real de competitividad. Las que no, seguirán expuestas a un mercado cada vez más imprevisible, con menos herramientas para protegerse.
La volatilidad ha llegado para quedarse. La pregunta ya no es si adaptarse, sino cuándo.


